Entrevista a Jorge Díaz
“Los números del elefante”, de Jorge Díaz (Editorial Planeta), es una novela que narra las peripecias en Brasil de dos emigrantes gallegos, Bernardo y Albino, allá por la década de los 50. Los dos comienzan sus nuevas vidas en un mundo desconocido, pero en el que encontrarán historias intensas y emocionantes, vivirán situaciones impensables cuando salieron de la aldea y compartirán experiencias con personajes entrañables y crueles, y sobre todo serán testigos del nacimiento de una nueva nación: Brasil.
¿Cómo surgió la idea de ir a Brasil
en busca de esta historia?
La idea surge de un caso real, aunque después no tiene que ver con la
novela. Buscando documentación para la serie que estaba haciendo en
televisión encontré una historia que me resultó muy interesante:
la de un español que había aparecido en Brasil y que, después
de más de 50 años en ese país, vivía en la clandestinidad.
Cuando le preguntaron quién era y qué hacía, este señor
contó que se había metido en un lío cuando llegó a
Brasil, tiró su documentación y, desde entonces, estaba intentando
que no le encontraran. Esto me recordó a aquellos japoneses que aparecían
en las islas del Pacífico y creían que la Segunda Guerra Mundial
no había terminado todavía. Éste era un tipo que huía
sin que nadie le persiguiera. Me quedé con la idea de los emigrantes
españoles que fueron a Sudamérica en los años 50 y entonces
pensé: ¿por qué con esta excusa no cuento una historia
de emigrantes españoles en Brasil? Me marché allí 15 días
para estudiar cómo había sido la emigración española
en Río. Entonces decidí que tenía que escribir esta novela.
Era una historia que me apetecía. Me tomé un año sabático,
volví a Brasil a documentarme sobre aquella época, sobre la vida
de los españoles cuando llegaban a ese país…
¿La vida de los personajes es apasionante?
Pasan del cero al cien con la misma rapidez que vuelven al cero de nuevo. Cuando
empecé a planteármela tuve presente un verso de Vinicius de Moraes
que dice: “La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro
en la vida”. Es así cuando empiezo a pensar que entre los dos
protagonistas, Bernardo y Albino, tiene que haber encuentros y desencuentros,
y me planteé que toda la vida de Bernardo, que es quien cuenta la novela,
tenía que moverse a través de amistades. Él está en
cero cuando no tiene amigos –ni en la aldea en la que nace ni en Brasil–,
y mientras tiene amigos la vida tiene sentido; sin embargo, cuando los pierde
es cuando dice “solo he visto la vida pasar”. Es la historia de
una amistad y de un desencuentro.
La novela es violenta a momentos, sensual
en otros; solidaria con algunos personajes, injusta con la mayoría.
Otros temas presentes son la venganza, la amistad, el amor, la corrupción… ¿Una
novela de emociones fuertes como ésta qué problemas puede presentar:
la extensión,
los personajes, las escenas…? ¿Se divierte uno escribiéndola?
Me lo he pasado bien escribiendo, pero también me lo paso bien cuando
hago un guión, porque para mí escribir es una cosa muy divertida.
Cuando empecé a escribirla mi mayor problema era el exceso de libertad.
Cuando haces un guión todo está cuantificado: 100 folios, 60
escenas, tiene que durar tanto tiempo, hay que contarla en acciones y diálogos… es
decir, tienes tantas pautas que seguir que te sientes muy cómodo. Con
la novela no, cuando empiezas pueden ser cien páginas o mil, puede ser
en primera persona o en tercera, puede tener muchos diálogos o pocos,
puedes tener muchas descripciones o pocas, puedes saltar en el tiempo, puedes
hacer lo que te dé la gana. Ese exceso plantea problemas, no sabes qué hacer
con él. Sientes que tienes que tomar decisiones a cada minuto y eso
te produce temor a que te puedas estar equivocando. Pero, a cambio, es una
experiencia maravillosa, porque cualquier cosa que se te ocurra puede tener
cabida.
¿Se puede reconocer algún emigrante ya
establecido en Brasil en algunos de los personajes?
La novela es una ficción, y está basada en emigrantes malos,
vamos a decirlo así. Pero los inmigrantes, por norma general, son buenos,
tanto los que iban a Brasil, Argentina o México en su momento, como
los que vienen ahora a España. Los inmigrantes que vienen a España
son los emigrantes que nosotros fuimos hace 50 años. Por motivos de
narrativa y de contar historias yo me he centrado en los malos; por tanto,
no creo que se identifiquen. Lo que si se identificarán serán
los escenarios: la plaza de París, el puerto, los bailes en los que
se reunían los españoles, las pensiones… Pero con mis
personajes no creo, porque son todos malas personas.
¿Por qué has
titulado cada bloque del libro con el nombre de presidentes brasileños:
Getúlio, Juscelino, Janio y Lula?
Es un capricho, pero a cada presidente le corresponde un periodo de nuestro
personaje: Getúlio Vargas es el planteamiento, el descubrimiento de
Brasil y ascenso. Juscelino Kubitschek es el nudo, cuando traiciona a Albino,
y el desenlace es Jânio Quadros. Si te das cuenta, es la estructura clásica
de narrar historias: planteamiento, nudo y desenlace. Y, por último,
Lula, corresponde a otro narrador y representa a los nuevos años dorados
de Brasil, el epílogo.
Fútbol, samba, mujeres y política… ¿Todos son elementos
indispensables de la personalidad de Brasil?
En aquella época, sí. Cuando llegué a Brasil conocía
lo que todos conocemos de Brasil: el fútbol, el samba, el carnaval.
Pero cuando empecé a documentarme me encontré con un periodo
excepcional, muy activo políticamente. Es la época en la que
el país se forma. Brasil era el clásico país sudamericano,
grande y rico, pero en los años 50 el presidente Juscelino Kubitschek,
decide asombrar al mundo y lo hace haciendo la capital más moderna de
la historia, Brasilia. Era el lugar más sofisticado y futurista con
el que se podía soñar. Y entonces, Brasil empieza a creer en
sí mismo. Hasta ese día había sido un país que
no se lo había creído. Por ejemplo, el mundial de Fútbol
de 1958 fue trascendental, porque provocó una unión entre todos
los brasileños que, a su vez, provocó un estado grande de felicidad.
Se forma la identidad de la nación a partir de una serie de detalles
como pueden ser Brasilia, el mundial de fútbol, Garrincha, Pelé.
Hay un sentimiento de nación.
JOGO DO BICHO: EL PAPEL SOCIAL DE UNA LOTERÍA
ILEGAL
Esta especie de lotería ilegal, que se juega a base de números
y animales, es una de las fuentes más importantes de financiación
de diversas actividades. Como escribe Jorge Díaz, con los beneficios
del jogo do bicho “se mantiene casi todo: los políticos pagan
sus campañas, los policías completan sus sueldos, se financian
el carnaval y los equipos de fútbol, los más desfavorecidos trabajan…”.
Todavía
está en activo y sigue siendo ilegal, salvo en algún
estado. ¿Por qué es tan atractivo para los brasileños?
Es una de las cosas que sólo los brasileños entienden. Yo he
ido a jugar para conocerlo. ¿Qué tiene de bueno? En el jogo do
bicho puedes apostar lo que quieras, desde un céntimo hasta diez reais
o 200, lo que te apetezca. Luego saber jugar es más complicado, pero
puedes ganar mucho dinero.
¿Cómo se juega?
En la puerta de los bares de Río de Janeiro hay un hombre o una mujer
con su mesita o un pupitre y detrás tiene unos números apuntados.
Ese es el punto de apuestas. El jogo do bicho tiene cinco extracciones al día,
que salen de una reunión de los representantes de los bicheiros más
importantes de Río en un lugar secreto. En cuanto sacan los números,
son conocidos inmediatamente en todo el país. Los brasileños
dicen que en Brasil solo funcionan bien dos cosas: el carnaval y el jogo do
bicho. Al poco de salir los números, estos están ya en esos puestos,
y la gente gana o pierde. Hay muchas modalidades de apuestas: puedes jugar
solo al animal (el elefante, por ejemplo), que es la terminación. Juego
el 2145, pues como es 45 y la serie del elefante la forman los números
45, 46, 47 y 48, ganas unas 18 veces lo que apuestas. Pero también puedes
apostar por la centena; es decir, al 145; y puedes apostar por el millar, el
2145… Si aciertas los cuatro números en los cinco sorteos del
día, cosa muy difícil, ganas 6.000 veces lo que apuestas. Puedes
ganar muchísimo dinero con una apuesta muy pequeña. Éste
es el interés del jogo do bicho.
¿Cuánto dinero mueve?
Es imposible saberlo, pero mueve mucho dinero, y en aquella época muchísimo
más. Eran los que patrocinaban, aún lo hacen, algunas escuelas
de samba. Siempre nos hemos preguntado de dónde sale ese oropel del
carnaval, pues del bicho. Castor de Andrade, famoso bicheiro de los años
60 y 70, fue presidente de la Escola Mocidade do Padre Miguel, que incluso
tiene un castor junto a su emblema, ayudaba a la comunidad y era presidente
de un equipo de fútbol: el Madureira. Los bicheiros han perdido protagonismo,
porque los que manejan ahora los bajos fondos son los traficantes de droga.
Los bicheiros están en un segundo nivel, pero en los años 50
donde la droga no había llegado todavía como se entiende hoy,
ellos eran los que controlaban, eran los jefes de los negocios de los bajos
fondos.
Si es ilegal, ¿por qué no se acaba con él,
o bien se legaliza?
Han intentado muchas veces ilegalizarlo, pero el día que se legalice
pasará a informatizarse, a estar en una oficina… Hay que tener
en cuenta que el bicho también es una forma de integración social.
Si en una familia ocurre una desgracia, un marido que muere o queda inválido
por un accidente, pues se recurre al bicheiro para que puedan vivir. Ese bicheiro
les dará un puesto a la viuda para trabajar en el jogo y así podrá ganarse
la vida. A veces es una forma de ayuda a los necesitados, ante esto qué va
a hacer la policía.
¿Son mafia?
Fueron mafia y lo siguen siendo, pero de una menor manera. Ahora casi es una
cuestión folclórica. Los bicheiros poderosos siguen siendo importantes,
siguen teniendo poder, incluso de vez en cuando meten en la cárcel a
algún bicheiro, pero ya no tienen el peso que tuvieron antaño.
El tráfico de droga lo ha ocupado todo. Los bandidos de algunas favelas
utilizan misiles tierra-aire contra la policía, esto te dice un poco
del papel actual que tienen los bicheiros que recogen apuestas en la puerta
de un bar.
LAS FAVELAS: CIUDADES DENTRO DE UNA GRAN CIUDAD/ “EN LAS FAVELAS
VIVE GENTE BUENA”
Esta voz portuguesa define a las barracas y chavolas que rodean las ciudades
brasileñas. Río de Janeiro tiene seis millones de habitantes,
de los cuales dos millones viven en las 600 favelas que existen en la ciudad.
Son ciudades, pueblos, dentro de la gran urbe de Río.
¿Las favelas
tienen mala fama o tenemos un concepto diferente?
He estado en varias favelas y no todas están tan mal, como creemos.
Todos pensamos en las favelas más duras, en esas donde las armas, las
drogas y la violencia están presentes, pero no todas son el infierno.
¿Son
parte de la ciudad?
La favela está integrada en la ciudad. Río es una ciudad plana,
en la orilla del mar, rodeada de montañas. Entonces, Río es lo
que está en el suelo, entre las montañas, y las favelas son lo
que se ha construido en las montañas y que antes no se había
hecho bien porque el terreno era muy escarpado y pendiente, bien porque el
suelo no soportaba la edificación.
¿Y sus habitantes están
integrados en la población?
Si vives en Ipanema que es un barrio bueno, a 200 metros tienes una favela,
por lo tanto es una ciudad de muchos contrastes, con muchos puntos de unión.
En la playa vas a ver jugar al fútbol a los ricos de los barrios de
abajo y a los chavales que bajan de la favela. Tú conoces a gente de
la favela, hablas con favelados…
¿Cómo es la vida en las
favelas?
Según sea el tipo de favela, porque las hay muy distintas, incluso hay
favelas de policías. Ten en cuenta que la Policía gana muy poco
dinero y vivir en Río es muy caro. La idea de favela igual a delincuentes
hay que descartarla. Por ejemplo, las que están pegadas a los barrios
ricos son las que se encargan de la venta de droga, porque esos barrios ricos
se suministran de drogas en esas favelas. Las que están cerca de los
barrios ricos pueden ser peores que las que están en barrios más
desfavorecidos.
¿Cómo es su gente?
Hay dos formas de ver la favela: una como un lugar de peligros y otra como
un lugar en el que viven los pobres. Una favela es, ante todo, un lugar con
una sociología impresionante, complicadísima. Las hay en las
que mandan los traficantes, en otras la milicia, o la policía… pero
todo eso es ahora. Antes era el lugar donde levantabas un hogar porque no tenías
dinero. La gente sigue siendo buena en la favela, no creo que ni un uno por
ciento sea delincuente.
¿La gente vive en favela y trabaja en Río?
La mayoría de la gente que trabaja en Río, la que te limpia la
casa, el repartidor del supermercado, los ayudantes de cocina… son de
la favela. Allí se puede vivir bien y hacer una vida formal. Tenemos
una idea de mucho más peligrosa de lo que es, siendo un sitio peligroso
como es Río. Toda esta degradación se produce cuando, a partir
de los años 60 y 70, llega la droga. Por ejemplo, los bicheiros pueden
tener su oficina de trabajo en la favela, pero luego viven en un tríplex
de Copacabana o tienen 16 coches en los garajes.
Es decir, ¿tienen un
lado bueno que desconocemos?
Hay partes buenas, con mucha solidaridad, con buena gente… son como
esos pueblos pequeños donde todos se conocen, donde todos se ayudan.
Esa vida también existe. Son incomparables. Son comunidades donde hay
mucha ayuda, con 300 y 400 habitantes, pero con la diferencia de que estás
en Río de Janeiro. Es cierto que en algunas hay delincuentes que la
controlan, pero en otras también hay asociaciones de vecinos.
¿Podría
darse el caso de que desaparecieran?
Es difícil ver Río sin una favela… Las favelas llegaron
para quedarse.
RÍO DE JANEIRO: SAMBA, CARNAVAL, PLAYA Y SEXO
¿Brasil es erotismo?
Tiene un gran voltaje erótico. Pero, sobre todo, los brasileños
son muy cordiales y amables. Respecto al prójimo son muy abiertos, siempre
dispuestos a ofrecerte una sonrisa.
¿Son guapos por naturaleza?
Son 190 millones de habitantes, y hay de todo, pero generalmente son hombres
y mujeres muy guapos, atractivos.
¿Se puede vivir en Río si le
quitas el samba, el carnaval y la playa?
Es inútil, no te puedes negar las mejores cosas que tiene Río.
Para mí, samba es alegría; el carnaval, desinhibición
y la playa es la válvula que hace que Río no explote. Gracias
a ella se liberan todas las tensiones. Es el punto de encuentro.
¿Cómo
es la gente de Río?
Es amable, divertida y simpática, aunque la ciudad sea dura, peligrosa
y donde se ven cosas tremendas. Tiene mucha vida en la calle. Ir al “botiquín” a
tomarse una cerveza es una tradición, se bebe y se comparte. Están
todo el día en la calle, en sus bares, en la playa, con música,
comiendo...
Juego, mujeres, drogas… ¿Es la ciudad
del pecado?
Sin duda. Lo dice el profeta en la novela: “Jesucristo volverá a
la ciudad del pecado, a Río de Janeiro, a la ciudad que Dios escogió como
la más bella. Ciudad de ladrones, de corruptos, de sodomitas, de prostitutas…”.
En
la ciudad se combina el encanto y la sensualidad de Ipanema, con las armas
y las drogas de las montañas. ¿Es un cóctel peligroso
que se respeta o que choca en muchas ocasiones?
No conviven en armonía. Ha habido muchos momentos de fricción
muy dura. En la historia de Río es una situación que ha estado
a punto de explotar en varias ocasiones. Los de abajo no aguantan a los de
arriba, y piden al gobierno que actúe. En los periódicos brasileños
todos los días hay muertos. Cien muertos en dos meses por armas de fuego.
Se calcula que hay una víctima diaria de balas perdidas. Dos se lían
a tiros y tú te puedes llevar un disparo.